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El misterio Magritte llega a la galería Tate Liverpool PDF Imprimir Correo electrónico
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PobreEl mejor 
Miércoles 22 de Junio de 2011 09:13

Liverpool (R. Unido), 22 jun (EFE).- La galería Tate Liverpool presenta desde este sábado hasta el próximo 26 de octubre una gran retrospectiva dedicada a René Magritte (1898-1967), que viajará luego a la institución co-organizadora, la Albertina, de Viena.

El absurdo y la paradoja están en el centro del mundo de ese gran surrealista: sus hombres con sombrero hongo, sus nubes de barra de pan, sus paisajes urbanos en los que coinciden el día y la noche o sus imágenes que muestran lo contrario de lo que dice la frase que las acompaña son hoy familiares del gran público aunque muchas veces no sepa quien es su creador.

Son imágenes que ilustran con frecuencia portadas de libros o de discos y que se utilizan con ligeras variaciones en el mundo de la publicidad para vender lo mismo chocolates que automóviles o empapelar paredes.

Ese uso publicitario actual de sus enigmáticas imágenes, inquietantes o humorísticas, según los casos, seguramente no le repugnaría al artista belga, que comenzó trabajando precisamente en la industria publicitaria y utilizó por ejemplo su famosa pipa en un dibujo para una decoración de cenicero en 1933 y más tarde en un cartel para un escaparate de tienda.

Y su frase "Ceci n'est pas une pipe" (Esto no es una pipa), debajo de ese popular objeto de fumador en su obra "La Trahison des images" (La Traición de las imágenes) ha sido reproducida o parafraseada mil veces además de ser objeto de sesudos ensayos de pensadores sobre todo franceses, desde Lacan o Barthes hasta Michel Foucault.

Y, sin embargo, él mismo rechazaba las interpretaciones o la búsqueda de símbolos en sus obras más misteriosas y argumentaba que la interpretación no hace sino suplantar a la obra de arte y que los símbolos no son sino substitutos que "sólo convienen a un pensamiento incapaz de conocer a las cosas en sí mismas".

La gente busca símbolos para sentirse cómoda, para tener algo seguro a lo que aferrase, para salvarse del vacío, afirmaba el belga, que decía odiar los símbolos al menos tanto como la tradición.

Pero al mismo tiempo se contradecía ya que toda su obra refleja una relación estrecha con el canon pictórico, desde su primer período de influencia de Renoir hasta el llamado "vache" de después de la guerra o en la apropiación temática de obras ajenas.

Basta citar las de "Madame Récamier", de David, en la que en lugar de la retratada aparece sobre la chaise-longue un féretro doblado, o "El balcón", de Manet, donde utiliza también cajas de muerto en sustitución de los personajes.

O la versión de Pigmalión de la obra titulada "Tentative de l' impossible", un autorretrato en el que aparece vestido pintando y dando vida al mismo tiempo a su esposa, una desnuda Georgette, a la que le falta todavía completar un brazo.

Si el surrealismo se nutre de paradojas, Magritte es su encarnación más pura: dedicado toda su vida a subvertir los valores burgueses, fue, sin embargo, un respetable burgués, felizmente casado, un hombre serio que pintaba en un rincón de su casa y cuya rutina diaria se regía por las manillas de un reloj. Leer más...

 

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