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En el paso de los años que llevo como consumidor, y luego como sommelier, he observado la gran tendencia y predisposición que los consumidores presentan hacia los vinos dulces. Y no hablo de vinos de cosecha tardía, o “de postre” sino de vinos comunes, de los que “acompañan” culquier tipo de comidas.Con un consumo per capita que en el Uruguay ronda los 27 litros al año, y que en el Brasil cae a los escasos 2 litros por habitante - dentro del mismo lapso de tiempo - los vinos catalogados dentro de este estilo, son procurados por la gran masa de consumidores.
Mas, un tema es determinante al buscar una explicación a la hora de preguntarnos porqué se da este comportamiento? La respuesta es que desde nuestra niñéz nos acostumbramos a ingerir bebidas con altas cantidades de azucares. Además de ello, nuestras papilas gustativas son más sensibles a la sensación dulce que a ninguna otra.
El hecho pasa por educar nuestro paladar – opción para la que no todo el mundo está predispuesto – y entender que el azúcar cuando se presenta en altas dosis no hace otra cosa que tapar y enmascarar el gusto real de una determinada bebida (en especial la del vino)
En repetidas oportunidades, trabajando en degustaciones - sobre todo en el interior del país - se me acercó gente preguntando “- tiene algún vino dulce para servir?” o “- algún rosado dulzón?” y que ante mi respuesta negativa, se sentian como “sapos de otro pozo”
Para quienes se encargan de impartir cursos, palestras, seminarios y capacitaciones que buscan formar consumidores inteligentes, el hecho de enseñar como “educar el paladar” es un gran desafio, sobre todo si tenemos en cuenta que la gran mayoría de los vinos finos son clasificados como secos, con un contenido maximo de 5 gramos de azucar por litro.
 El gusto por lo dulce peleando con los vinos secos - un aspecto a tener en cuenta - en la captación y educación del nuevo consumidor de vinos
Un capítulo aparte merecería un abordaje sobre el azúcar contenida en la gran mayoria de los vinos baratos importados desde Argentina y Chile, ya que en algunos casos son comparables a jarabes – xarope, a decir de nuestros hermanos brasileños. Mas, de ese tema nos ocuparemos en otra oportunidad.
La tarea no es fácil, sino bien complicada, ya que implica cambiar esa tendencia natural por lo dulce que arrastramos desde la cuna. Y que en el caso de tratarse de una persona más avanzada en años, se hace más complicado aún el hecho de poder revertir esa preferencia.
Las conclusiónes suelen rezar - y mucho se escribe al respecto - que: cuando un consumidor es formado, su tendencia de consumo va cambiando, buscando en la mayoría de los casos, "beber menos, pero beber de mejor calidad." Esa realidad no siempre se ve inmediatamente reflejada en los hábitos de consumo. Pasar de vinos comunes o de mesa (en su mayoría con altos tenores azucarinos) a vinos finos secos, puede y suele tardar algún tiempo.
Quien durante años ha bebido moscateles rosados dulces, dificilmente luego del primer sorbo de Cabernet Sauvignon seco ponga buena cara y lo adopte como bebida para todos los días. Lo mismo con quien en aniversarios o fiestas bebe sidra dulce, ante una copa de un excelente espumante brut o extra brut, tampoco será seducido luego del primer trago.
La educación del consumidor no se alcanza con un curso de días, algunas semanas, o inclusive en algunos meses. Es una tarea del día a día, de la que los productores también forman parte. Bueno sería que progresivamente se comenzaran a elaborar vinos con menor contenido de azúcar, que con ello ayudaran a enseñar, a descubrir el verdadero gusto y sabores del vino.
Opciones que oficien de mediador en el cambio de los hábitos de consumo ya existen. Vinos jóvenes, honestos, en algunos casos levemente frizantes, para nada tánicos – muy por el contrário, bien aterciopelados – contribuyen a que el consumidor vaya entrando de a poco en este apasionante mundo del vino.
Está también en nosotros – formadores de opinión – la responsabilidad por hacer comprender mejor las cualidades de un tipo de vino u otro, y de ir formando a nuestro paso, consumidores inteligentes.
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