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En la edición de la semana pasada tratamos el tema el precio del vino en los restaurantes. Tema polémico y que mereció varios comentarios por parte de lectores que manifestaron coincidencias con el contenido del citado artículo. Esta semana nos ocuparemos del asunto del “descorche”, un servicio un tanto incipiente en Uruguay, pero que cada día reúne más adeptos, como establecimientos que lo ofrecen. Pero, qué es el descorche? Se le llama descorche al servicio por el cual se procede a la abertura propiamente dicha de la o las botellas de vino consumidas en un recinto gastronómico, y su correspondiente servicio: copas, decanter, servilletas, champañeras, etc. Más allá del simple acto de destapar una botella, es un concepto de servicio ofrecido a los comensales.
Solo para refrescar un poco la memoria, decíamos que es común encontrar precios exorbitantes en las cartas de vinos de los restaurantes, con hasta el triple del precio que se paga por un mismo vino en una licorería. Y eso hace que muchas veces el cliente se sienta intimidado y opte por “otras bebidas“, privándose de acompañar un almuerzo o cena con un buen vino.
Es principalmente por este motivo, que cada vez más gente suele consultar si es posible llevar su propio vino al restaurante. Y digo principal motivo, pues otros pueden haber, como ser el de querer consumir un vino determinado que no se encuentra fácilmente en el mercado, o que no figura en la sencilla carta de ese restaurante.
En nuestro país aún es una práctica poco difundida, y son pocos los establecimientos que aceptan que el cliente llegue con su propia botella de vino abajo del brazo. Pero afortunadamente esta práctica se va instalando de a poco en lugares que entienden que es un servicio más brindado al cliente, además de contar con ventajas como no tener que manejar stocks tan grandes de botellas ni tan amplios en cuanto a opciones.

Ya sobre el tema de cómo se cobra el descorche, pueden existir diferentes modalidades, que según cada casa considerará, ya sea que quien solicite el servicio sea un cliente habitué u ocasional. Puede ser que le cobren una tasa fija por botella descorchada, o que sea una tarifa proporcional al precio de ese vino en el mercado, e inclusive hay lugares en los que el servicio no es cobrado. Siempre conviene consultar de antemano, para que luego cuando llegue la cuenta, nadie se lleve una “sorpresa”.
Sea como sea, casi siempre suele ser ventajoso llevar el vino, ya sea por precio, como por el hecho de llevar el que unoquiere, llámese por etiqueta, añada, certeza de buena conservación, etc. Aunque considerado antiguamente como un gesto de mala educación, hoy en día, este “derecho ganado” por los consumidores, hace que el descorche sea aceptado en diversos lugares.
Respecto a la elección de la etiqueta, hay otro factor a tener en cuenta. Este es el de estar informado sobre si el lugar a donde vamos a ir con nuestra propia botella, acepta para el descorche solo etiquetas que no figuren en su carta. Conviene cerciorarse sobre ello de antemano.
Esperemos que en un corto lapso de tiempo, más restaurantes se sumen a esta modalidad de descorche, permitiendo a los consumidores disfrutar de una copa de vino a piacere sin la necesidad de hacer una operación financiera para tal fin.
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