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Más letal que la misma Primera Guerra Mundial, la llamada influenza española (o la gran gripe) golpeó al mundo entero entre 1918 y 1920. Se le atribuyen al menos cien millones de víctimas mortales, y hay quienes sostienen que en realidad fueron 200 millones. En nuestro país, ya asolado por la metralla durante la Revolución Mexicana, también causó cientos de miles de muertos. En casa siempre hemos recordado esa pandemia, que le costó la vida a la prometida de mi padre.
Las grandes epidemias han sido presencia constante en la historia de la humanidad. Desde luego no todas han afectado la salud corporal de las personas: por decirlo de algún modo, otras han afectado la salud social de los países. Son las sociodemias.
Recordemos unos cuantos casos.
En agosto de 1965, los afroamericanos del barrio de Watts –en Los Angeles, California– se involucraron en una orgía de violencia, y al grito de burn, baby, burn incendiaron vehículos, saquearon tiendas y con piedras y palos enfrentaron a las autoridades. Las buenas conciencias blancas del país vecino se rasgaron las vestiduras. Aún recuerdo el titular de un análisis de la desaparecida revista Life: ¿Son los Estados Unidos un país de endémica violencia?
Tres años más tarde, el mayo de 1968 sacudió a Francia. Desde las barricadas de las calles de París, las protestas de los grupos estudiantiles se desparramaron por aquí y por allá: la República Federal Alemana, Suiza, España, Argentina, Uruguay, Estados Unidos y Checoslovaquia. Desde luego, aquí debemos inscribir el 2 de octubre en México.
Movimientos semejantes se produjeron en diversos rumbos y en distintas fechas. La lista sería interminable, aunque por la relativa cercanía será bueno recordar igualmente el 29 de abril de 1992, de nueva cuenta en Los Ángeles de 1992, los llamados disturbios de Rodney King. Afroamericanos y latinos participaron en pillajes, incendios provocados y asesinatos, con saldo de hasta 60 muertos.
Tras los hechos de Watts en 1965 estaban años de injusticias y discriminación contra los afroamericanos. En el mayo del 68 se perciben las consignas de la ideología izquierdista contra la sociedad de consumo, y la molestia del hipismo contra el stablishment. Y en los disturbios de 1992 se debe considerar el trasfondo de las persistentes prácticas discriminatorias sufridas por las minorías, pero además la elevadísima tasa de desempleo en South Los Angeles. La inconformidad social logró incluso que las pandillas rivales declararan una tregua para unificar fuerzas contra el enemigo común, la policía.
Pero todo eso es historia. Sin embargo las sociodemias nuevamente son realidad actual. Veamos si no la situación de varios países árabes, España e Inglaterra
El 15 de mayo del presente año, convocados por mensajes en Twitter y Facebook, numerosos jóvenes –los indignados– se lanzaron a la calle en una cincuentena de ciudades hispanas. En Madrid coparon la Puerta del Sol, donde provocaron un cochinero mucho peor que el provocado en la Plaza de Armas tapatía por los plantones de El Barzón.
Quienes más se han indignado con la situación imperante son los comerciantes del zonas afectadas por los plantones, y los ciudadanos comunes que no pueden circular por las calles. Sólo el gobierno socialista se ha manifestado sumamente cortés… se acercan las elecciones, las encuestas favorecen a la oposición, y los indignados pueden significar votos para el Partido Socialista…
Tenemos aquí motivaciones ideológicas y políticas. Se puede hablar de causas justas. Sin embargo, ¿qué sucede en el Reino Unido de la Gran Bretaña Inglaterra?
Pues los saqueos, los incendios y la violencia sacuden a Londres y a otras ciudades, como Manchester, Liverpool, West Midlands y Birmingham. En la capital inglesa fue necesario desplegar a 16 mil agentes policiacos en un intento de controlar a los inconformes. Se creyó en un principio que se trataba otra vez de vecinos de barrios marginales, de violencia en respuesta a la opresión padecida por los menos favorecidos.
Pero, como decían allá en mi tierra, aquí fue donde la puerca torció el rabo…
Resulta que entre los saqueadores estaba Laura Johnson, hija de millonario, educada en los mejores colegios del país, residente en una mansión con pista de tenis y parque privado, y brillante estudiante de la Universidad de Exeter. Y también Chelsea, una atleta británica, designada embajadora olímpica para los Juegos de Londres 2012.
No sólo ellas. El Daily Mail recoge hasta cuatro casos más de jóvenes saqueadores, con educaciones universitarias o profesiones más prestigiosas: una bailarina de ballet, un estudiante de derecho, un músico... e incluso un chef de comida orgánica.
¿Protestas violentas contra situaciones de injusticia? Ese argumento se derrumba ante el hecho de que miles de vándalos son menores de edad, algunos con apenas 13 años. Y encima, al ser retenidos por la autoridad y acusados de varios delitos, los padres ni siquiera comparecen.
Inglaterra es un país enfermo, titula el diario sensacionalista The Sun. Pues sí, de eso no hay duda. Y hay algo más grave, parece dispuesta a contagiar su enfermedad a otras naciones. El pasado viernes 12, el alcalde de Filadelfia decretó toque de queda para los menores de 18 años porque –otra vez convocados a través de las redes sociales– se dedicaban a golpear transeúntes y a provocar disturbios.
Estamos ante la amenaza de la influenza británica. Si el contagio ya afectó a ciudades de Estados Unidos, ¿cuánto tardará en alcanzarnos? ¿Estamos vacunados?
Y, a todo esto, ¿dónde están los padres de familia?
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