21 de Mayo de  2012  2:41 am
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JUAN DIEGO TORRES CABRAL/ Periodista, ensayista, analista político PDF Imprimir Correo electrónico
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PobreEl mejor 
Lunes 08 de Agosto de 2011 07:49

Tema obligado de numerosas conversaciones es la llamada geometría política. Apenas el sábado un veterano luchador de contiendas partidistas me preguntaba mi opinión acerca de la izquierda y la derecha mexicanas. Luego, al sucederse los entreveros de la plática, se fue delineando su profundo desencanto en torno a la situación actual.

Nada más natural que plantearse ésa y otras cuestiones: a menos de un año de distancia tenemos el próximo proceso electoral federal, y eso significa renovar Presidente de la República, senadores y diputados.

Aunque ciertos mexicanos derrotistas temen rupturas traumáticas del orden institucional, lo cierto es que tendremos elecciones. Tendremos campañas electorales, con todo lo que ello implica: despilfarro de recursos del erario, ingeniería mediática para generar casi a partir de la nada figuras de presuntos estadistas capaces –según sus publicistas– de resolver todos los problemas del país. Estamos a punto de asistir a la eclosión de nuevos caudillos, o al reciclaje de cartuchos quemados que todavía se empeñan en convencernos de una supuesta legitimidad mesiánica.

Nos aguarda una temporada de intensa contaminación visual, auditiva y conceptual. Sobre todo contaminación moral, porque los diversos equipos de campaña, en lugar de proponer programas y plantear soluciones, competirán ferozmente en descalificar a sus oponentes, en lanzar lodo e inmundicia contra los candidatos rivales.

De hecho las descalificaciones ya están en marcha. Y el ciudadano tipo, el que no está comprometido con alguna corriente partidista, empieza a adelantar pronósticos. ¿Se repetirá la victoria del Partido Acción Nacional? Una nueva Presidencia de la República de tonalidad azul requeriría casi de un milagro. Parece imposible superar la desilusión causada por Vicente Fox, y la percepción generalizada de que Felipe Calderón gobierna mal.

¿Retornará a Los Pinos el Partido Revolucionario Institucional? Parece bastante probable. El panismo actual carece de figuras de proyección nacional. No hay liderazgo, ni solidez doctrinal. Los blanquiazules olvidaron los principios en el afán de aferrarse al poder. Las alianzas con el perredismo hacen que se revuelvan en sus tumbas personajes como Manuel Gómez Morín o Efraín González Luna. En tales circunstancias, el innegable quehacer político de los tricolores, y sus igualmente innegables mañas, les proporcionan sólida ventaja.

¿Y qué perspectivas tiene la izquierda?

Pero, ¿existe una izquierda mexicana?

La respuesta es que hay mexicanos izquierdistas, pero la izquierda mexicana no existe, es un mito.

Eso sí, tenemos partidos que se declaran izquierdistas: el Partido de la Revolución Democrática, el Partido del Trabajo, y hasta Convergencia.

Conozco avezados militantes que han llegado a la conclusión de que Convergencia es el negocio particular de su fundador Dante Delgado Ranauro. De tener ellos razón, simplemente significaría que es muy semejante a otro instituto político que es negocio familiar.

El Partido del Trabajo mantiene su registro gracias a las alianzas y coaliciones, gracias a que se benefició con la popularidad alcanzada por Andrés Manuel López Obrador en los comicios de 2006.

Queda el Partido de la Revolución Democrática, con sus éxitos en varias entidades del país, especialmente en el Distrito Federal y en Michoacán.

Nacido como un esfuerzo integrador, el PRD aglutinó los contingentes de otros partidos, como el Popular Socialista y el Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional. Heredó los militantes de siglas ya desaparecidas, como el Partido Comunista o el Partido Socialista Unido de México. Siglas ahora olvidadas por cierto.

Al mismo tiempo el PRD heredó figuras del priísmo. Recuerde usted a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, todavía el principal referente del Sol Azteca. El propio López Obrador, Marcelo Ebrard o el zacatecano Ricardo Monreal fueron destacados priístas. Es válido señalar que el PRD cargó igual con priístas desprestigiados y con los peores vicios del Revolucionario Institucional.

Y desde luego heredó también una extraordinaria habilidad: la de fracturarse en innumerables tendencias y grupúsculos. Es que donde se reúnen dos izquierdistas mexicanos, surgen tres corrientes ideológicas, cada una de ellas provista de ambiciones personales y de intereses de grupo.

Eche usted un vistazo a los periódicos mexicanos, tanto los defeños como los publicados en capitales estatales o en diversas ciudades. En todos hallará la misma constante: los enfrentamientos internos.

Aquí en Jalisco ya ni siquiera son noticia los choques entre quienes se alinean con el Comité Directivo estatal a cargo de Roberto López y los partidarios de la corriente liderada por el alcalde de Tlajomulco, Enrique Alfaro Ramírez. Aquí en Jalisco, por cierto, ¿dónde están los representantes de la izquierda tradicional? Todos desaparecieron, borrados del mapa por el grupo universitario que le responde a Raúl Padilla. Y si al perredismo nacional nos remitimos, las divisiones se multiplican.

Así las cosas, deje usted de lado las voces que advierten del peligro de una fractura en el PRD: no hay peligro de fractura, hay fractura ya consumada. Y cuando López Obrador y Ebrard se enfrenten por la candidatura, verá usted lo que es bueno. Las corrientes izquierdistas se aniquilarán entre sí, no será necesario que las combatan los panistas y los priístas.

Última actualización el Lunes 08 de Agosto de 2011 08:17
 

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