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Como hiciera en su momento Aksenti Ivanovich Poprischev, yo también me he pasado innumerables horas en vela preocupado por los asuntos de España. Iba a escribir “noches en vela”, pero no, no es para tanto…
¿Que quién fue Aksenti Ivanovich Poprischev? Hombre, miles de mexicanos lo conocimos hace años, magistralmente encarnado por Carlos Ancira. A mí me tocó verlo en el teatro Degollado, en su última puesta en escena del monólogo de Nikolai Gogol, el “Diario de un loco”.
Lo reconozco: comparto con Axenty Ivanovich el interés por lo que ocurre en la península ibérica. Sin embargo hay algunas diferencias: a mí no me han nombrado rey, ni siquiera en secreto.
Valga esta breve introducción para reflexionar sobre los recientes acontecimientos de ese país al que todavía hay quienes denominan “madre patria”, aunque la maternidad –o paternidad– de ninguna manera puede atribuirse a los peninsulares contemporáneos, herederos como nosotros de los hispanos épicos de los siglos XV y XVI.
El hecho es que el pasado viernes el presidente de gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, de una vez tiró la toalla y decidió que siempre no aguantará hasta el fin de su actual mandato. En otras palabras, se adelantarán las elecciones. Ya no serán en marzo de 2012, sino el 20 de noviembre del presente año.
La verdad es que Rodríguez Zapatero se asemejaba a un boxeador groggie desde el pasado 22 de mayo, cuando en los comicios autonómicos y municipales su Partido Socialista Obrero Español (PSOE) sufrió tremendo batacazo.
No solamente el principal opositor, el Partido Popular (PP), sino un creciente número de ciudadanos estaban convencidos de que el socialista debió apartarse del gobierno desde el año pasado, debido a sus gravísimos errores en la conducción económica.
La situación actual de España es realmente mala. Dicen que las comparaciones resultan ofensivas, pero nos permiten comprender mejor algunas realidades. México no es exactamente Jauja, y según informó hace días el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), nuestra tasa de desempleo a nivel nacional en junio pasado fue de 5.42 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), superior al 5.05 por ciento en igual mes de 2010. Añadió el INEGI que con datos desestacionalizados, en el sexto mes de este año la tasa de desocupación (TD) a nivel nacional fue de 5.74 por ciento respecto de la PEA. En otras palabras, casi tres de cada 50 mexicanos en edad productiva no encuentran un trabajo estable.
Pues en España, aunque según el Instituto Nacional de Estadística (INE) el desempleo descendió en 76 mil 500 personas durante el segundo trimestre del presente 2011, el nivel de paro alcanza una tasa del 20.89 por ciento de la Población Económicamente Activa (EPA). El dato fue publicado también el pasado viernes.
Las últimas cifras disponibles, aportadas por la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre, revelan que el nivel de desempleados alcanza cuatro millones 833 mil 700 personas. Y la tasa de 20.89 por ciento representa mejoría, pues en el primer trimestre llegó a 21.29 por ciento. Lo indudable es que uno de cada cinco españoles en edad de trabajar quiere hacerlo, pero no encuentra empleo.
Este dato es ciertamente el más impactante, pero no el único indicador de los males políticos, económicos y sociales que aquejan ahora mismo a España.
Ante la relativa situación de bonanza heredada de la administración de José María Aznar, Rodríguez Zapatero deja un legado de crisis financiera, y además ha propiciado el auge de los nacionalismos catalán, vasco y gallego, al parecer empeñados en lograr la desintegración del Estado español. Y en lugar de promover la convivencia armónica de todos los españoles, el gobierno socialista se empeña en revivir viejos odios. A ratos queda la impresión de que su propósito es iniciar una nueva guerra civil. En esta aviesa tarea Rodríguez Zapatero ha sido eficazmente secundado por Alfredo Pérez Rubalcaba, que fue su Ministro del Interior, luego su primer Vicepresidente, y ahora es el candidato a sucederle en la Presidencia… algo que podría ocurrir si los sufridos españoles son tan ciegos como para permitirlo.
Incidentalmente, Rodríguez Zapatero ha decidido que las próximas elecciones sean el 20 de noviembre, una fecha significativa para los mexicanos por las turbulencias causadas por el movimiento revolucionario iniciado aquí en 1910, pero que también puede dar motivos de reflexión a los propios españoles.
Un 20 de noviembre, pero de 1936, moría fusilado en Alicante José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange; en los inicios de la Guerra Civil lo condenaron a la pena capital por considerarlo traidor a la República. A 39 años de distancia, el 20 de noviembre de 1975 moría en Madrid el generalísimo Francisco Franco Bahamonde, el caudillo que condujo a los nacionales a la victoria sobre los republicanos. Dos hechos que sacudieron a los peninsulares.
Se avecina otro 20 de noviembre. ¿Qué nueva turbulencia sacudirá a los españoles?
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